HEMOFILIA A GRAVE

La hemofilia A grave es un trastorno hemorrágico hereditario caracterizado por la deficiencia severa del factor VIII de la coagulación. Desde los primeros años de vida, esta enfermedad puede provocar sangrados espontáneos o excesivos, por lo que requiere un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado.

TIPO DE PATOLOGÍA

03 – Enfermedades de la sangre o de los órganos hematopoyéticos

Día Mundial

17 abril

PREVALENCIA

1-9 / 100 000

SINÓNIMOS

Deficiencia de factor VIII grave

TESTIMONIO

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¿Qué es la hemofilia A grave?

La hemofilia A grave es una forma severa de hemofilia A en la que los niveles de factor VIII son inferiores al 1 %. Como consecuencia, la sangre no coagula correctamente, lo que aumenta el riesgo de hemorragias frecuentes y prolongadas. Esta enfermedad es de origen genético y afecta principalmente a los varones, aunque las mujeres pueden ser portadoras.

Síntomas principales

En general, los síntomas aparecen desde la infancia. Por ejemplo, son comunes los sangrados espontáneos en articulaciones y músculos, incluso sin un traumatismo previo. Además, pueden producirse hemorragias tras pequeñas lesiones o procedimientos médicos. Por esta razón, el control médico continuo es fundamental.

Diagnóstico de la hemofilia A grave

El diagnóstico se basa en análisis de sangre que permiten medir los niveles de factor VIII. Asimismo, los estudios genéticos ayudan a confirmar el tipo y la gravedad del trastorno. De este modo, se puede establecer un plan de tratamiento personalizado desde etapas tempranas.

Tratamiento y seguimiento

Actualmente, el tratamiento de la hemofilia A grave consiste principalmente en la administración regular de concentrados de factor VIII. Además, existen terapias innovadoras que ayudan a prevenir los sangrados y mejorar la calidad de vida. Sin embargo, el seguimiento por un equipo especializado es esencial para evitar complicaciones a largo plazo.

Calidad de vida y apoyo

Con un tratamiento adecuado, las personas con esta enfermedad pueden llevar una vida activa. En conclusión, la educación sanitaria, el apoyo familiar y el seguimiento médico permiten un mejor control de la enfermedad.

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